Clandestino está pensado para sentirse como un secreto bien guardado. Esa es la intención desde el primer día: un espacio íntimo donde el ruido del exterior no entra, donde la luz viene del fuego antes que de los focos, y donde la conversación encuentra su ritmo natural sin que nadie la apure.
No hay música a volumen que compita con la mesa. No hay interiorismo de tendencia que caduque en dos temporadas. Hay materiales que mejoran con el tiempo y una atmósfera que se asienta, no que se impone.